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domingo, diciembre 28, 2008

El éxito de todos los fracasos

311283302_0aeffc3829 Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...

Para que yo me llame Ángel González
Ángel González

 

Visto en un vagón del Metro de Madrid.
La foto se llama
Walk on gold y es de mdezemery.

miércoles, diciembre 17, 2008

Un castillo

Puedo tener defectos, vivir ansioso y estar irritado algunas veces, pero no me olvido de que mi vida es la mayor empresa del mundo y que puedo evitar que vaya a la quiebra.

Ser feliz y reconocer que vale la pena vivir a pesar de los desafíos, incomprensiones y periodos de crisis.

Ser feliz y dejar de ser víctima de los problemas y ser el autor de la propia historia. Y atravesar desiertos enormes, y ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito del alma. Y agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.

Ser feliz y no tener miedo de los propios sentimientos. Y saber hablar de uno mismo. Y tener la valentía para oír un "no". Y tener la seguridad para recibir una crítica, aun cuando fuese injusta.

belmonte¿Piedras en el camino? Guardo todas, algún día voy a construir un castillo.

 

 

 

Fernando Pessoa (n. Lisboa, 13 de junio de 1888 - m. Lisboa, 30 de noviembre de 1935).

La imagen del castillo pertenece a la Fortaleza de Belmonte, un castillo medieval de diseño gótico en Cuenca, España.

jueves, diciembre 04, 2008

Soy como soy

En estos últimos días, MundoReal™ se ha llevado mucho de mi tiempo, casi en partes iguales repartido entre familia, amigos, trabajo, estudio, trabajo, reflexiones, y otras cosas por ahí.

Siempre que me ocurre eso, acabo con miles items en mi guguelrider y acabo usando más el botón "Marcar todos como leídos" que ningún otro. Hay una sección, sin embargo, que no dejo de leer: son los blogs bajo la carpeta "Gente". El caso es que acabé leyendo un cuento y me vino a la cabeza otro que leí, y que me gustó mucho. Me gustaría compartirlo con vosotros.

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Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante, que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales... Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo. Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

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El misterio sigue pareciéndome evidente.

¿Qué lo sujeta entonces?

¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?».

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo, olvidé el misterio del elefante y la estaca, y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho esa pregunta alguna vez.

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño”.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.

Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza...

Extraído del libro Déjame que te cuente, de Jorge Bucay.

¿Soy como soy?

La magnífica foto del circo es de def110. y la del elefante encadenado es de Swamibu.

viernes, noviembre 21, 2008

Mérito

OlivierHam1948L_228x329 Unos cómicos, encontrados en el camino por Ricardo, son invitados al Palacio de Hamlet. Éste, preocupado por su acomodo, ordena a Polonio, el sumiller de Corps, que se encargue de ello.

Hamlet.- Basta ya; presto me dirás lo que falta. Señor mío, es menester hacer que estos cómicos se establezcan, ¿lo entiendes? Y agasajarlos bien. Ellos son, sin duda, el epítome histórico de los siglos, y más te valdrá tener después de muerto un mal epitafio, que una mala reputación entre ellos mientras vivas.

Polonio.- Yo, señor, los trataré conforme a sus méritos.

Hamlet.- ¡Qué cabeza ésta! No señor, mucho mejor. Si a los hombres se les hubiese de tratar según merecen, ¿quién escaparía de ser azotado? Trátalos como corresponde a tu nobleza, y a tu propio honor; cuanto menor sea su mérito, mayor será tu bondad. Acompáñalos.

Hamlet, Acto II, Escena X (extracto)
William Shakespeare

El texto completo podéis encontrarlo en Cervantes Virtual.

viernes, octubre 31, 2008

Todo es relativo

Acabo de escucharlo. Se pueden escuchar cosas muy interesantes sólo si pones atención:

Todo es relativo

Con el tiempo he aprendido a sospechar de las palabras absolutas (lo que no quita que yo las utilice, todavía no he aprendido a ser coherente de forma absoluta).

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Todos, nadie, siempre, nunca, nada y todo. Palabras que no dan la posibilidad de salida, que no ofrecen excepciones, y por tanto, ofrecen seguridad. Todos le odian, nadie le quiere, siempre está igual, nunca hizo nada... y...

Todo es relativo.

¿Esa afirmación, tu afirmación, también?

 

Relativity es una imagen de Crackpot Papercraft.

domingo, octubre 26, 2008

El discreto, de Baltasar Gracián

Gracián,_Calatayud Ayer terminé por fin El discreto, de Baltasar Gracián (cómo se nota que ya no tengo tanto tiempo para leer ;-), del que ya he posteado en alguna ocasión, y me dispongo a comenzar Oráculo manual y arte de prudencia, que vendrá a ser, si no me equivoco, un repaso menos narrativo y más normativo de las mismas enseñanzas morales.

En este post voy a recoger algunos párrafos que me han llamado la atención del libro recién terminado. No serán probablemente lo más importantes, y es más que posible que no sean los que habrías escogido tú, pero helos aquí.

Pero ¿qué desigualdad más monstruosa que la de Nerón? No se venció a sí mismo, sino que se rindió. Algunos a sí mismos buenos se compiten mejores, que es gran victoria de la perfección, pero otros no son vencedores de sí, sino vencidos, rindiéndose a la deterioridad.

Si la desigualdad fuera de lo malo a lo bueno fuera buena, y de lo bueno a lo mejor, mejor; pero comúnmente consiste en deteriorarse, que el mal siempre lo vemos de rostro y el bien de espaldas. Los males vienen y los bienes se van.

Realce VI, No sea desigual [incoherente, veleta]

En las vulgares artes [la elección] también tiene lugar a proporción [también cuenta]. Vimos ya dos eminentes artífices que se compitieron la fama: el uno por lo delicado y primoroso, tanto que parecía cada una de sus obras de por sí el último esfuerzo del artificio yo todas juntas no satisfacían; al contrario, el otro jamás pudo acabar cosa con última delicadeza ni llevarla a la total perfección. Con todo eso, tuvo éste el realce de la elección tan en su punto que se alzó con el aplauso universal.

[...]

Ni es menor el empeño el escoger los amigos, que han de ser de elección y no de acaso, acción muy de la prudencia y en los más de la contingencia. Elígense también los familiares [los de trato frecuente y de confianza], que son ayudantes del vivir y, las más veces, enemigos no excusados.

Mas si en los hijos tuviera lugar el delecto fuera la primera de las dichas. Pero hay tales caprichos en el mundo que eligieran los peores y así favor fue de la naturaleza el prevenirlos, pues aun los que les dio el cielo buenos, ellos, o con su ejemplo o con su descuido, vienen a hacerlos malos, que son muchos los que malogran favores de la naturaleza y de la fortuna.

Realce X, Hombre de buena elección

“Harto presto, si harto bien”, dijo el sabio. Nunca examinamos en las obras la presteza o la tardanza, sino la perfección; por aquí se rige la estimación. Son aquéllos accidentes que se ignoran o se olvidan y el acierto permanece. Antes bien, lo que luego se hizo, luego se deshará, y se acaba presto porque presto se acabó. Cuanto más tiernos sus hijos, se los traga Saturno con más facilidad; y lo que ha de durar una eternidad, ha de tardar otra en hacerse.

Realce XV, Tener buenos repentes.

Reparo fue en los advertidos, si risa en los necios, el discurrir Diógenes con la antorcha encendida al mediodía, rompiendo por el innumerable concurso de una calle; pasó a admiración cuando, preguntándole la causa, respondió: “Voy buscando hombres, con deseo de encontrar alguno, y no le hallo”. “Pues, y éstos”, le replicaron ellos, “¿no son hombres?”. “No”, respondió el filósofo, “figuras de hombres sí, verdaderos hombres, no”.

Realce XVI, Contra la figurería

Muéstranse otros muy ministros, afectando celo y ocupación, grandes hombres de hacer siempre negocio del no negocio. No hay chico pleito para ellos; de las motas levantan polvaredas y de pocas cosas mucho ruido; véndense muy ocupados, hambreando reposo y tiempo. Hablan de misterio: en cada ademán o gesto encierran una profundidad entre exclamaciones y reticencias, de suerte que llevan más máquina que el artificio de Juanelo, de igual ruido y poco provecho.

Artificio de Juanelo: "el tan citado ingenio en la literatura española de la época servía para subir agua del Tajo a Toledo".

Realce XX, Contra la hazañería

Pasión es de necios el ser muy diligentes, porque como no descubren los topes obran sin reparos, corren porque no discurren y, como no advierten, tampoco advierten que no advierten, que quien no tiene ojos para ver, menos los tendrá para verse.

[...]

Pero no es menor infelicidad la de una grande inteligencia sin ejecución: marchítanse en flor sus concebidos aciertos porque los comprendió el hielo de una irresolución, y perdida aquella su fragante esperanza, se malogran con el dejamiento.

[...]

Tiene lo bueno muchos contrarios, porque es raro y los males muchos: para lo malo todo ayuda. El camino de la verdad y del acierto es único y dificultoso: para la perdición hay muchos medios y pocos remedios. Contra lo conveniente todas las cosas se conjuran, las circunstancias se despintan: la ocasión pasando, el tiempo huyendo, el lugar faltando, la sazón mintiendo y todo desayudando; pero la inteligencia y la diligencia todo lo vencen.

Realce XXI, Diligente e Inteligente

Tanto se requiere en las cosas la circunstancia como la sustancia; antes bien, lo primero con que topamos no son las esencias de las cosas sino las apariencias. Por lo exterior se viene en conocimiento de lo interior y por la corteza del trato sacamos el fruto del caudal, que aun a la persona que no conocemos por el porte la juzgamos.

[...]

No basta el grande celo en un ministro, el valor en un caudillo, el saber en un docto, la potencia en un príncipe, si no lo acompaña todo esta importantísima formalidad.

Realce XXII, del modo y agrado.

martes, octubre 21, 2008

Sacudidas neuronales

Esta semana pasada ha sido una semana especialmente intensa. Ha sido intensa sobre todo en temas "sociales". Ya empezó el tema con un post pidiendo por favor que tuviera a bien el adoptar una de esas criaturitas que duermen sabiendo mucho y nunca se cansan de contártelo. Basta con abrir sus páginas, con paciencia. El elegido fue "Lo peor de cada casa", de...

— Tenía yo ganas de leer a Wolfe, que me han dicho que La Hoguera de las Vanidades es muy bueno.

— Es que...  no es Wolfe, es Sharpe.

...de Tom Sharpe. El lunes fue el día de la entrega. Aquí la prueba gráfica, junto con el título de propiedad:

loPeorDeCadaCasa tituloDePropiedad

El martes pasó sin pena ni gloria, aunque sí fue un día un tanto duro en términos laborales. Nada del otro mundo, sólo el trabajo acumulado de la semana anterior (que fue la Semana Internacional de las Demos) y que salió de forma rutinaria. Lo único a destacar es que buscando unos zapatos acabé (cómo no) en la Casa del Libro de la calle Fuencarral y saliera de ella con otros dos miembros de la familia Estantería: una antología poética de Ángel González y "Entre limones", de Chris Stewart (ex-Genesis). Y si ya no había suficientes animales en casa, llegó Kenny. Kenny es un gato de ocho años que estará en casa dos semanas (sin pagar alquiler, que tampoco es plan). Le gusta ser protagonista, así que es el de primer plano, León el que lo mira envidioso desde abajo:

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El miércoles sí que fue un día complicado en el trabajo. Pero complicado de verdad. Porque la verdad, hablarle a las máquinas es sencillo. No se cruzan emociones, son fríamente objetivas, saben mantener la distancia con mensajes claros y definidos: "El valor que intentas guardar en la base de datos ya existe.", y no lo adornan con un "como ya deberías saber, ¡canelo!". Y son deterministas. Todas, en la misma situación, ante la misma entrada, dan exactamente la misma salida.

Pero las personas... Ay, las personas... Las personas son todas distintas. Una palabra no significa lo mismo para ti que para mí. Una de esas palabras sembrada en aquél hace crecer un olivo, y en éste una vid. Y en este otro, una vid también, pero torcida de otra forma. No sé si escogí las palabras exactas, pero sí sé que puse toda mi voluntad y todo mi interés y toda mi alma, por qué no decirlo, en mediar en un conflicto entre dos compañeros. Buscando la palabra que hiciera germinar en uno la comprensión hacia el otro, la persuasión que puesta ante los ojos del otro le hiciera ver en la persona de enfrente justo eso, la persona que era, con sus problemas y sus movidas, que son en definitiva las de todos. Nada de lo humano nos debería ser ajeno. Fue un día duro para muchos otros en el trabajo, y animado por cierta confianza obtenida en el conflicto anterior, me puse el disfraz de Don Quijote y me puse ahí a desfacer entuertos. Si a todo ello le mezclamos que justo ese día tuvimos el segundo sprint planning meeting (¡todavía no he posteado sobre ello! :-S) que es también una reunión técnica y psicológicamente exigente, el final del día vino como agua en un desierto, con una extraña mezcolanza de duda y plenitud, con la sensación de haberme enfrentado a uno de mis obstáculos y no haber salido demasiado mal parado.

DSC01621 El jueves empezó como siempre, pero terminó en el CaixaForum, buscando unas entradas para unas jornadas sobre psicología a las que me han invitado (invitado porque todavía le debo las entradas ;-) No conocía el edificio ni sus actividades, que empezaré a seguir, y aluflipé pepinillos de colores con el jardín vertical que podéis encontrar en la entrada y ver en la foto (más grande aquí). La charla con mi guía, que empezó entonces, se extendió densa y profunda unas veces, ligera y divertida en otras, y agradable en todas ellas, por las líneas de los temas más peregrinos. Cada vez me confirmo más en ello: el nosce te ipsum pasa necesariamente por conocer también a los demás, en su humanidad, y leer en ellos tus propias páginas.

DSC01605 El viernes, que en lo laboral siguió la rutina impuesta por la nueva metodología que estamos siguiendo (y que ha generado una inesperada dinámica de mentes, de emociones, de interacción, de sinergia de equipo que me ha dejado anodadado y/o estupefacto), el viernes, digo, cogí los bártulos y me fui a Salamanca a despedir la soltería del que ya es mi cuñado porque, como le dije: "como se te ocurra ahora echarte pa'trás..." ;-)

Resumiré el fin de semana, que el post empieza a ser largo.

Leí muchas páginas de mucha gente que hice mías porque también hablaban de mí a su manera. Aprendí muchas cosas, vi muchas cosas, y sentí muchas cosas. Que dos besos dados en una determinada ocasión dicen mucho más de lo que pueda parecer a primeras. DSC01656Que la resistencia es una opción que ocupó un lugar, para luego dar paso al dejarse llevar, y que me permitió concentrarme en el camino. Descubrí que no soy tan viejo como creía, porque aguanté dos sesiones intensivas de casi nueve horas cada una de risas, de conversaciones filosóficas con el cerebro ofuscado e inmerso en alguna que otra copa de ron, de repetir hasta la saciedad "contigo no... bicho", de reconocer "cuánto daño que ha hecho la ESO", de hacer "retratauras", de preguntar sin ton ni son a la gente si sabían quién era Schrödinger y porque tenía un gato que no estaba ni vivo ni muerto, sino todo lo contrario.

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Descubrí que por la noche, al contrario de lo que pensaba, también sé cantar ópera, pero de una muy particular. Que la morucha es una carne. Qué no sé tanto de cuántica como pensaba. Me confirmé en la idea de que en cada persona hay mucho más de lo que parece en una primera impresión (y por eso no creo en las primeras impresiones), que conocí mejor a personas estupendas y que por empezar a andar por uno de mis caminos, acabé recorriendo sin esperarlo el de otra persona, a la que quiero mucho: mi hermana.

Todos y cada uno de estos días tuvieron algo en común. Todos significaron una sacudida mental, un despertar, un mirar más allá. Todos me han transformado de una forma u otra. Todos me han cambiado y todos me han hecho crecer.

Y me está enganchando...

viernes, octubre 17, 2008

Originalidad

Siempre me he sentido orgulloso de una definición que se me ocurrió a mi solito. En su momento me dije que Filosofía era esa rama del conocimiento en la que las preguntas eran más importantes que las respuestas. Ahí queda.

La definición tuvo su génesis en un juego mental con un antiguo compañero de facultad, con el que intentábamos averiguar la respuesta a una pregunta de hondo calado filosófico.

¿Somos libres? Es decir, ¿podemos decidir sobre nuestras acciones inmediatas, o nuestras decisiones ya están "escritas" en algún sitio? ¿Existe el Destino, la parada de tren a la que inevitablemente converge nuestro viaje vital, o en vez de eso construimos nuestro destino en cada momento, como si en cada instante llegáramos a esa estación terminal para llegar de nuevo en el siguiente instante?

2442045767_8600f8abfc ¡Ay! Seguro que la idea ha sido discutida, razonada, invertida, modificada, subida a los altares, destronada en los infiernos, debatida, cerrada y vuelta a abrir desde hace siglos. Pero ahí estábamos los dos, temerarios y envalentonados, intentando encontrar la respuesta. Si no somos libres —decíamos uno u otro—, si algo o alguien ya decidió por nosotros, esas decisiones deben encontrarse fuera de nuestra realidad, igual que los cables con los que funciona una radio quedan fuera de nuestra vista, en su interior. Si las decisiones formaran parte de nuestra realidad, también se verían afectadas por otras decisiones mismas que deberían quedar fuera, así que... Y por otro lado, si somos libres, entonces no hay nada escrito y...

Y todos los desvaríos que, con mayor o menor peso, o con mayor o menor carga de racionalidad, borboteaban en nuestra cabeza (pido un tanto de clemencia ante el ejemplo de "línea argumental" que manejábamos; ahora en perspectiva yo mismo los veo frágiles, casi infantiles, mal sustentados en todo caso :-).

— Vale Wil, ¿y dónde quieres llegar?

Pues que en mi caso acabé con una conclusión: que no había forma de demostrar "desde dentro de nuestra realidad" si realmente éramos libres o no. Que deberíamos salir de nuestra realidad para poder contestarla. Y tengo malas noticias: la realidad es una cárcel, y no podemos escapar de ella. Somos la cárcel. Lo siento.

Ergo...

No puedes saber si eres libre o no, pero sí puedes pasar al siguiente nivel epistemológico: puedes creer en una de las opciones. Yo decidí creer que somos libres, con todas las dramáticas (y liberadoras) consecuencias que ello implica. Lo importante no es tanto la respuesta a la pregunta planteada, sino la actitud que tomas ante esta última.

Ergo...

En Filosofía, las preguntas son más importantes que las respuestas, porque te obligan a tomar una posición, sea la que sea, y vivir y actuar en consecuencia.

Y ahora llego, y ojeando un libro que me han prestado hoy mismo una persona por la que cada vez tengo más estima, leo:

Pues [en Filosofía] algunos consideran la pregunta más importante que la respuesta...

Michel Onfray
Antimanual de filosofía

¡Oops! Vaya... Ni dos frases... Anda que... O sea, que la definición no es mía original. Hmmm... ¿Será verdad que ya está todo pensado, todo inventado?

¡Ea! Me queda el consuelo de que, hasta enterarme, fue mía. De que se me ocurrió a mi sólo, aunque no fuera original.

Faltaría más ;-)

 

Imagen: Philosophy & Poetry, por Lawrence OP
Vidriera en la Iglesia de Santa María, en Buckland, cerca de Oxford.
Se da la peculiaridad de que la Filosofía está representada por un varón, y no por una mujer, que es su representación habitual. Este fotógrafo tiene una espectacular colección de fotos de vidrieras.

domingo, octubre 12, 2008

Por qué blogueo

Hace poco que escribo este blog. Aunque la primera entrada la escribí el 25 de noviembre del 2005, no llevo ni un año en serio con él. Ahora que leo de nuevo esa entrada, siento un poco de vergüenza, qué le voy a hacer. Quizá tenga que ver con que nunca estoy satisfecho del todo con las cosas que hago (ser perfeccionista es lo que tiene), o con que es a la vez una presentación y una reflexión casi superficial, forzada, sin intención clara, sin mensaje, sin forma y sin enjundia (es mi post y lo critico como quiero, ¡estaría bueno! :-), o que a pesar de todo, no me reconozco en lo que digo. Que he cambiado. Sí, es eso seguro. Tiene que ver con que he cambiado.

En todo caso, la entrada forma parte de mi pasado, de ése que era yo en aquel invierno de hace tres años, y ahora no voy a cometer el error de renegar de él, que sería lo mismo que renegar de mí, de extirparme una parte de mi vida. ¿Errores? Todos, así es el camino. Sea.

Pero me estoy desviando.

Digo todo esto porque llevo unos días dándole vueltas a una pregunta, aparentemente sencilla y casi fútil. Imagino que antes o después todo el mundo se ha hecho la misma pregunta. Por qué blogueo.

2316338825_d1fbe70046 Por qué. Por qué casi un año escribiendo con cierta frecuencia (que no constancia). Por qué no escribirlo en un cuaderno, por qué no en la moleskine que me acompaña casi constantemente, como una segunda memoria, mucho más fiable que la mía, no cabe la menor duda. Por qué compartirlo. Por qué no dejarlo. Por qué continuar.

Creo que la primera respuesta, aún siendo la más directa, es también la menos procedente: porque quiero, porque decido hacerlo. Pero es una respuesta que sólo desplaza el interrogante de una pregunta a otra, esto es, de "por qué lo hago" a "por qué quiero hacerlo".

Una pista me la dio Banyú.

Vives como piensas, piensas como escribes, escribes como lees.

(por cierto, no os perdáis su blog).

Para pensar, primero debe uno articular el pensamiento. Los que decidimos en su momento dedicar nuestra vida a ser y ejercer de ingenieros informáticos, sabemos por experiencia que hay problemas que son en apariencia tremendamente complicados de resolver. Mentalmente los "giras", los "descompones" en sus partes, analizas las relaciones entre ellas o buscas patrones en sus propiedades, siguiendo una línea de pensamiento guiada más por intuiciones e imágenes difusas que por palabras o conceptos claros.

Igualmente, sabemos que una manera estupenda de resolver un problema que se resiste pasa por contárselo a alguien. Es posible que no llegues a contárselo del todo: la solución aparecerá probablemente antes de que llegues a preguntarle cómo lo resolvería. El método funciona porque te obligas a transformar esa secuencia de intuiciones en una secuencia de palabras: ordenas tus ideas, las estructuras, les das forma para que otro pueda entenderlo. Y en ese proceso, el que acaba entendiendo el problema eres tú mismo.

Así que primera tentativa: blogueo porque comunicar mis pensamientos me ayuda a entenderlos, y en última instancia, a entenderme a mí. Y vivir en consecuencia.

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También blogueo porque tiene un aspecto práctico interesante: es una forma muy cómoda de consolidar mucha información encontrada por ahí, algunos pensamientos propios y quizá alguna idea, nunca original sino copia y combinación de otras. No hay que olvidar que caminamos sobre hombros de gigantes. El caso es que es una forma grata de registrar todos esos enlaces, videoclips, imágenes, citas, y textos varios en un sitio. Miento. Vilmente. No es el único sitio, pero es el único sitio en el que existe audiencia a la que todo eso puede resultarle (espero) útil.

Blogueo porque es una forma de salir de mí, de dejar de ser yo, de abandonarme, y de ser mis palabras. Porque las emociones hay que transformarlas en acción, sobre todo las dañinas, las tóxicas. Los hay que lloran, que gritan, que sacuden un saco colgado del techo, o que hablan sin parar. Otros corren sin saber muy bien a dónde, o ríen compulsivamente, o gesticulan, o la toman con alguien que no tiene la culpa de nada sólo porque es más débil. Otros, los de la familia, la toman con un cojín...

— You know, you know what I do when I'm mad, Paul? I hit a pillow. Just hit the pillow. See how you feel.
— There's you fuckin' pillow.
— Feel better?
— Yeah, I do
— Good

Una terapia peligrosa (Analyze this)
Lo siento, no lo encontré en español :-(

Y blogueo porque alguien me escucha, claro está. Clamar en el desierto está bien, pero está mejor si alguien te escucha —una instancia de mi teoría acerca de la no existencia de lo bueno y lo malo, sino de lo bueno y lo mejor. Una teoría que no siempre ha soportado los envites de la realidad tanto como a mi me hubiera gustado—. No seré yo quien diga que blogueo sólo por los que me leen (que es verdad, pero no toda la verdad) ni quien diga que blogueo sólo para mi (que es verdad, pero no toda la verdad). Eso sí, cuando dudo acerca de seguir escribiendo o no, me doy una vuelta por el feedburner o por los Analytics de Google y veo si alguien sigue ahí. A todos, gracias.

Perdone el lector esta nueva alusión [al autor], con la cual a un tiempo sufre mi modestia y se siente halagada mi vanidad.

La tesis de Nancy
Ramón J. Sender

[Así, entre nosotr@s, ahora que nadie nos oye, me resulta extraño, curioso como poco (y a la vez halagador) que haya gente que esté interesada en lo que yo tenga a bien contar, pero la prueba está ahí: efectivamente ¡hay alguien que escucha!. De nuevo, gracias].

brain-small Blogueo porque me costó entender que las ideas no nacen de un cerebro pensante, aislado del mundo que intenta asir, sino en la constante interacción entre distintas mentes. El progreso no es el resultado espectacular e inmediato de un esfuerzo individual, sino la propiedad emergente de la unión de muchas otras mentes, de la fusión de los pensamientos de muchas personas, y que avanzan lentamente en una especie de evolución darwiniana de las ideas. Mi blog, fuera de toda presunción, es también mi grano de arena en ese proceso: el canal por el que lo escrito por mí llegue acaso a sacudir alguna neurona. Por lo mismo, intento leer otros blogs y sacudir las mías, cada vez con más voluntad aquellos que son personales, las ONG de los blogs...

Blogueo porque como ser humano soy también ser social (ya lo dijo el de Estagira), y sociedad es comunicación. Hablo, escribo, leo, escucho... Ahora también posteo, twitteo, flickeo, onceocheo, blippeo, lasteo, strandeo y alguna cosa más. Blogueo porque es otra forma más de expresarme.

Blogueo, en definitiva, porque me busco.

 

Más información sobre las imágenes haciendo clic sobre ellas.

¡Ay! La Vida...

Lo mas terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.

Fragmento de Canción del elegido,
de Silvio Rodríguez

La culpa la tuvo Banyú.

sábado, octubre 11, 2008

Vivir un año

Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mí, deshilachado
y roto por los puños
Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Cumpleaños,
Ángel González

viernes, octubre 10, 2008

Vientos favorables

mifotodelviento

Cuando se navega sin destino, ningún viento es favorable.

...así que lo primero es decidir puerto, cómo no.

Visto en Mirando las musarañas

martes, octubre 07, 2008

La verdad, la mentira, la liberación...

ErichFromm8 Hemos de preguntarnos dos cosas: si la conciencia puede, y cómo, ser liberadora; y además, si esta liberación es siempre conveniente.

No hay duda de que puede ser liberadora. Hay en la historia muchos ejemplos de que el hombre es capaz de liberarse de las cadenas del engaño, penetrando las raíces y las causas de los fenómenos. No me refiero sólo a los «grandes hombres», sino también a las muchas personas corrientes que, a veces por motivos desconocidos, rasgan el velo que les cubría los ojos y empiezan a ver. Después diremos más sobre esto, cuando hablemos del psicoanálisis.

La causa de su poder liberador puede residir en un aspecto: la firmeza que tenga la posición del hombre en el mundo dependerá de si es suficiente su percepción de la realidad. Cuanto menos lo sea, tanto más desorientado estará, más inseguro y, en consecuencia, más necesitado de ídolos ante los cuales inclinarse buscando seguridad. Cuanto mayor sea una percepción de la realidad, más independiente  y libre será y en mayor medida podrá encontrar dentro de sí mismo su propio equilibrio. El hombre es como Anteo, que se cargaba de energía tocando la madre tierra, de modo que su enemigo sólo pudo matarlo manteniéndolo levantado en el aire el tiempo suficiente.

La pregunta de si es conveniente que alguien se libre de su ceguera es más difícil de contestar. Suponiendo que la comprensión de los conflictos ocultos lleve a una solución positiva y, por tanto, a un aumento del bienestar, habrá pocas objeciones. Es lo que Marx esperaba si la clase obrera se hacía consciente de su situación. Si la clase obrera se desengañase, podría edificar una sociedad que no necesitaría del engaño (y podía lograrse, porque las condiciones históricas estaban maduras). Freud creía que la comprensión de los conflictos ocultos entre las fuerzas conscientes e inconscientes tendría como consecuencia la curación de la neurosis.

Pero, ¿y si el conflicto no puede resolverse? ¿No saldrá mejor parado el hombre viviendo engañado, si una dolorosa verdad no le ayuda a liberarse en la realidad? Si, como Marx y Freud creían, las enseñanzas religiosas eran un engaño, ¿no eran un engaño necesario, si es que el hombre había de poder sobrevivir? ¿Qué le habría sucedido, de haberse desengañado, para no sentir sino desesperación, sin ver posibilidad alguna de un orden social más humano, ni de un mayor bienestar personal? O bien, si un sádico obsesivo pudiese reconocer las causas de su padecimiento, pero, por motivos posibles, supiera también que no puede cambiar: ¿no le convendrá más seguir ciego, creyendo sus propias justificaciones?

¿Quién se atrevería a contestar? A primera vista, el hecho de no querer hacer sufrir innecesariamente a nadie parece razón suficiente para no querer desengañarlo. Lo dudo, sin embargo. ¿No es lo mismo que si debe decirse o no la verdad a un paciente sobre su enfermedad mortal? ¿No le arrebataríamos la última oportunidad de afrontar su vida, de reunir todas las fuerzas internas que no hubiese movilizado todavía y de elevarse del miedo a la serenidad y a la fortaleza de ánimo? Siempre se ha discutido mucho sobre esto. A mí me parece que los más interesados se negarán a escoger por principio una u otra solución: dirán que depende de la personalidad del moribundo y que no se puede juzgar antes de apreciar su actual y potencial fortaleza de ánimo, ni de conocer su deseo más hondo, a menudo tácito. Pero me parecería inhumano querer imponerle la verdad, en la rígida convicción de que es forzosamente «lo mejor para él».

Del tener al ser
Erich Fromm

jueves, octubre 02, 2008

Entre la comodidad y la exigencia

Normalmente llego al trabajo algo más de una hora antes de la hora oficial de entrada, pero no llego a entrar, y en vez de eso me quedo justo enfrente, tomando un café, mientras trato de adaptarme paulatinamente al ritmo diario. Entrar en el trabajo prácticamente un instante después de despertarse es como despertarse con un jarro de agua fría: el mundo no te esperaba tan pronto, ni tú a él. Nada bueno, no...

Tomando ese café que te digo he visto a una de las alumnas de aquí dando instrucciones a una chica sudamericana acerca de las tareas de la casa que debía realizar hoy. "Limpiar detrás del mueble grande del salón", le decía, "y no te olvides de la lavadora". Continuaba la chica con su retahíla: "Deja las llaves encima de la mesa, hay una cosa roja para..."

La chica no tendrá más de veintipocos años, pero se ve que hace su vida emancipada de sus padres, que quizá viven en alguna otra provincia y eso la obliga a tener alquilado un piso. Vamos, digo yo... El caso es que no he podido evitar que un pensamiento fugaz me cruce la frente: "Así es bien fácil vivir".

La reflexión ha ido al final un poco más allá, y es la que quiero compartir. Esta chica puede, tiene los medios (o sus padres, para el caso) y lo hace. Es probable que no haya conocido el esfuerzo de llevar una casa por su cuenta, sin ayuda de nadie. Ni falta que le hace. Sin embargo...

Sin embargo, sabemos que damos lo mejor de nosotros mismos cuando nuestras necesidades están un punto por delante de nuestros recursos, como bien supo apuntar el maestro Ortega. Si nuestras necesidades están cubiertas y aún más allá, nada nos obliga a esforzarnos, a llegar a ser un poco más. ¿Habríamos desarrollado una mente si en su momento la comida no hubiera sido difícil de conseguir? ¿O la musculatura que permite movernos?

1743995_7950ad9579_mY las cosas tampoco pintan bien en el otro extremo. Ante una necesidad que supere con creces nuestras posibilidades de salvarla el cuerpo y la mente rompen, se deshacen, desbordadas por lo inatacable. Pero en esta zona, poco podemos hacer: los recursos son sólo aquellos de los que disponemos, y las necesidades nos vienen impuestas. Me interesa más ese punto en el que es nuestra voluntad la que parece entrar en juego, cuando nos planteamos un reto a primera vista gratuito e innecesario. Nada nos obliga excepto nosotros mismos. Nada obligaba a la estudiante a la que antes me refería a hacer las tareas del hogar, de hecho no lo necesitaba (queda claro que la reflexión se apoya en la hipótesis que me he dado por cierta, y no sobre otras tantas que hacen, por ejemplo, que delegar las tareas de la casa en otra persona sea en su caso una necesidad).

¿Qué hace que una persona sea exigente, frente a otra que se conforma con lo que tiene al alcance de su mano? ¿Por qué algunas personas buscan ese algo más que queda fuera de su círculo más inmediato? ¿Tiene sentido mantener una lucha por hacernos la vida más fácil y a la vez buscarnos complicaciones que nadie ha pedido más que nosotros mismos? ¿Dónde está el límite de exigencia personal?

Lamento dejar todas esas preguntas en el aire. Por desgracia, no dispongo de las respuestas. Ya me gustaría. Pero las dejo ahí porque al menos inician el camino de una reflexión. Quizá innecesaria, todo sea dicho, pero ¡qué demonios! Es mi reto personal.

¿Qué piensas tú?

 

La imagen, que parece ser un Sísifo en barro, es de José Encarnação.

domingo, agosto 31, 2008

Leer

quevedo Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo

Llegué a él por una nota en este texto:

baltasargracian[...] sobre los favores de la naturaleza asienta bien la cultura, digo, la estudiosidad y el continuo trato con los sabios, ya muertos en sus libros, ya vivos en su conversación. La experiencia fiel, la observación juiciosa, el manejo de materias sublimes, la variedad de empleos, todas estas cosas vienen a sacar un hombre consumado, varón hecho y perfecto, y conócese en lo acertado de su juicio, en lo sazonado de su gusto; habla con atención, obra con detención; sabio en dichos y cuerdo en hechos, centro de toda perfección.

El hombre en su punto (Diálogo entre el doctor don Manuel Salinas y Linaza, canónigo de la Santa Iglesia de Huesca, y el autor), realce XVII, en El Discreto, de Baltasar Gracián.

Entre sus obras, Gracián tiende multitud de puentes. A la cita anterior llegué cruzando uno de ellos desde aquí:

Hombre en su punto. No se nace hecho: vase de cada día perfeccionando, en la persona, en el empleo, hasta llegar al punto del consumado ser, al complemento de prendas, de eminencias. Conocerse ha en lo realzado del gusto, purificado del ingenio, en lo maduro del juicio, en lo defecado [depurado] de la voluntad. Algunos nunca llegan a ser cabales, fáltales siempre un algo; tardan otros en hacerse. El varón consumado, sabio en dichos, cuerdo en hechos, es admitido y aun deseado del singular comercio de los discretos.

Aforismo 6, en Oráculo manual y Arte de Prudencia, Baltasar Gracián

Un camino, mil bifurcaciones...

lunes, agosto 11, 2008

¿Dónde lo dejé?

Me levanto por la mañana. El despertador me rescata de los brazos de Morfeo y me lleva de nuevo a la vida consciente, con voz de comentarista de noticias. Empieza un nuevo día.

En mis abluciones estoy acompañado por la música de una sintonía de radio fórmula, que por pereza no cambio a otra más "seria".

Desayuno con café, una tostada, una fruta y el noticiario de La Primera. Algunas ya las había oído al despertar, otras son nuevas, todas refuerzan el titular con una imagen... Reviso que no me deje nada, echo un último vistazo a las tareas del día, me cargo con el pan nuestro de cada día que es el portátil, la agenda, los cachivaches electrónicos, mi libro de turno y salgo disparado. Hoy será un día intenso.

El ruido de la vorágine urbanita, con sus sinfonías de cláxones, sus adagios de alarmas de la policia, los bomberos y las ambulancias, y los conciertos de los motores gasolina y diesel, aterriza en mis odios, apenas despiertos aún, elevando un nivel más mi consciencia. Me sumerjo en las entrañas de la ciudad, y tomo el metro.

Una amable señorita me recuerda por megafonía los tramos cerrados y los problemas de tráfico en cierta línea, a la que no hago demasiado caso porque no es la mía. Ya en el andén, el jumbotrón entre las vías atrae involuntariamente mi atención, a pesar de que ayer decidí que no iba a dejarme llevar y resistiría la tentación hundiéndola entre las hojas del libro de turno. Compruebo, y me consuelo como los tontos, que los demás también lo hacen.

El convoy interrumpe bruscamente mi conexión con la pantalla (de la que no me ha quedado muy claro qué me ha transmitido) con la presencia y estruendo típicos, ayudado por los ecos de la bóveda que transita. El dejar salir antes de entrar se cumple a medias, y algunas bolsas de los que han llegado a su estación se atascan con los brazos de los que entran. El chun chun del vagón y los avisos de una amable pareja avisando de las paradas a las que vamos llegando me acompaña hasta la parada final. En la superficie, las cosas no han cambiado mucho y se mantiene la misma composición musical que dejé al adentrarme en las tripas madrileñas.

La entrada en el trabajo supone el habitual y, por otro lado más que cortés, recepción de "buenos días", buenos deseos que espero se cumplan.

El trabajo es el que es. Reuniones, charlas informales, contestaciones inmediatas al niño caprichoso que es el teléfono, que no para de gritar en todo el día. La impresora hace su trabajo, para eso está hecha. Las conversaciones de un lado al otro de la oficina ondulan como sonora brisa. Ocho horas pasan sin darte cuenta.

Ya de vuelta, y de nuevo en un vagón del metro, un adolescente con pintas de mafioso en prácticas disfruta de la música de su móvil, y la comparte con todos nosotros por altavoz, imagino que con la intima convicción de que necesariamente nos gusta lo que escucha, porque lo escucha él y a él le gusta.

Al llegar a casa, me siento nada más llegar, agotado, sin ganas de hablar. Poco después, me pongo a preparar la cena, que hoy me toca. Aunque no es tampoco algo que desee con mucha ilusión, acompaño el hervor de aquí y la fritura de allá con una cadena de música melódica o, si apetece y acompaña, alguna de clásica. Algunas veces, las menos, la radio me regala alguna composición de jazz.

Si no hay charla agradable, descuidada y a salto de mata sobre las jugadas del día, a la cena también asisten los locutores de Antena 3 que repiten de nuevo las noticias harto sabidas ya, quizá con alguna pequeña novedad y rellenando los huecos con lo más visto en Internet. El deporte —raro que es uno— pasa a ser sordo rumor en alguna de mis neuronas. Las noticias sobre el tiempo corren la misma suerte.

Cuando ya quedo compañero de la almohada, y mientras escucho las tertulias de la noche sobre ningún asunto nuevo, o al menos disfrazado de novedad, me asalta una duda...

— ¿Dónde —me pregunto— me dejé el silencio?

Cosas importantes

The main things which seem to me important on their own account, and not merely as means to other things, are knowledge, art, instinctive happiness, and relations of friendship or affection.

Las cosas más destacables que me parecen importantes por sí mismas, y no meramente como medios para otras cosas, son el conocimiento, el arte, la felicidad instintiva, y las relaciones de amistad o afecto.
Bertrand Russell

¡Qué gran frase, mister Russell!

sábado, agosto 09, 2008

Perfección

Perfection is achieved, not when there is nothing more to add, but when there is nothing left to take away.

La perfección se alcanza, no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no queda nada que pueda quitarse.
Antoine de Saint-Exupery

Yo diría que la perfección se alcanza cuando no queda nada que quitar Y cuando no hay nada más que añadir...

jueves, agosto 07, 2008

Esencia de pensamiento

Men, it has been well said, think in herds; it will be seen that they go mad in herds, while they only recover their senses slowly, and one by one.

El Hombre, como bien se ha dicho, piensa en manada; se verá que enloquecen en manada, mientras que sólo recuperan su sentido lentamente, y de uno en uno.
Charles Mackay

There are only two kinds of scholars; those who love ideas and those who hate them.

Sólo hay dos tipos de intelectuales; aquellos que aman las ideas, y aquellos que las odian.
Emile Chartier

miércoles, agosto 06, 2008

El camino del error

Si toda vez que se identifique el fallo, éste se corrige, el camino del error será el camino de la verdad.

Hans Reichenbach
(via Gaussianos)

Corolario de Wilsoke: No tengas miedo a equivocarte, siempre y cuando aprendas del camino recorrido.

Como siempre, dar consejos es fácil. Lo difícil es llevarlos a cabo, sobre todo por el que los da, que tiene sobre sí la responsabilidad de encontrar la coherencia entre lo que dice y lo que hace.

Aprovecho el post para anunciar que todavía no tengo claro con que ritmo voy a postear, si acaso lo hago. En todo caso, si no lo hago será porque estoy en plan descanso (con lo que también descansaréis vosotros ;-) ¡Feliz verano a tod@s!