viernes, octubre 17, 2008

Originalidad

Siempre me he sentido orgulloso de una definición que se me ocurrió a mi solito. En su momento me dije que Filosofía era esa rama del conocimiento en la que las preguntas eran más importantes que las respuestas. Ahí queda.

La definición tuvo su génesis en un juego mental con un antiguo compañero de facultad, con el que intentábamos averiguar la respuesta a una pregunta de hondo calado filosófico.

¿Somos libres? Es decir, ¿podemos decidir sobre nuestras acciones inmediatas, o nuestras decisiones ya están "escritas" en algún sitio? ¿Existe el Destino, la parada de tren a la que inevitablemente converge nuestro viaje vital, o en vez de eso construimos nuestro destino en cada momento, como si en cada instante llegáramos a esa estación terminal para llegar de nuevo en el siguiente instante?

2442045767_8600f8abfc ¡Ay! Seguro que la idea ha sido discutida, razonada, invertida, modificada, subida a los altares, destronada en los infiernos, debatida, cerrada y vuelta a abrir desde hace siglos. Pero ahí estábamos los dos, temerarios y envalentonados, intentando encontrar la respuesta. Si no somos libres —decíamos uno u otro—, si algo o alguien ya decidió por nosotros, esas decisiones deben encontrarse fuera de nuestra realidad, igual que los cables con los que funciona una radio quedan fuera de nuestra vista, en su interior. Si las decisiones formaran parte de nuestra realidad, también se verían afectadas por otras decisiones mismas que deberían quedar fuera, así que... Y por otro lado, si somos libres, entonces no hay nada escrito y...

Y todos los desvaríos que, con mayor o menor peso, o con mayor o menor carga de racionalidad, borboteaban en nuestra cabeza (pido un tanto de clemencia ante el ejemplo de "línea argumental" que manejábamos; ahora en perspectiva yo mismo los veo frágiles, casi infantiles, mal sustentados en todo caso :-).

— Vale Wil, ¿y dónde quieres llegar?

Pues que en mi caso acabé con una conclusión: que no había forma de demostrar "desde dentro de nuestra realidad" si realmente éramos libres o no. Que deberíamos salir de nuestra realidad para poder contestarla. Y tengo malas noticias: la realidad es una cárcel, y no podemos escapar de ella. Somos la cárcel. Lo siento.

Ergo...

No puedes saber si eres libre o no, pero sí puedes pasar al siguiente nivel epistemológico: puedes creer en una de las opciones. Yo decidí creer que somos libres, con todas las dramáticas (y liberadoras) consecuencias que ello implica. Lo importante no es tanto la respuesta a la pregunta planteada, sino la actitud que tomas ante esta última.

Ergo...

En Filosofía, las preguntas son más importantes que las respuestas, porque te obligan a tomar una posición, sea la que sea, y vivir y actuar en consecuencia.

Y ahora llego, y ojeando un libro que me han prestado hoy mismo una persona por la que cada vez tengo más estima, leo:

Pues [en Filosofía] algunos consideran la pregunta más importante que la respuesta...

Michel Onfray
Antimanual de filosofía

¡Oops! Vaya... Ni dos frases... Anda que... O sea, que la definición no es mía original. Hmmm... ¿Será verdad que ya está todo pensado, todo inventado?

¡Ea! Me queda el consuelo de que, hasta enterarme, fue mía. De que se me ocurrió a mi sólo, aunque no fuera original.

Faltaría más ;-)

 

Imagen: Philosophy & Poetry, por Lawrence OP
Vidriera en la Iglesia de Santa María, en Buckland, cerca de Oxford.
Se da la peculiaridad de que la Filosofía está representada por un varón, y no por una mujer, que es su representación habitual. Este fotógrafo tiene una espectacular colección de fotos de vidrieras.

3 comentarios:

Miriam dijo...

Yo también creo que somos libres. No se sí lo creo porque estaba escrito que yo decía pensar asi o sí lo creo porque lo creo libremente. En cualquier caso, como tú dices, las consecuencias son las mismas.

¿Cuando dices "ojeando" el libro, quieres decir que lo estas leyendo en modo google? :-)

Abrazos.

Banyuken.es dijo...

Por supuesto que somos libres.

Miriam, mujer, los libros se hojean y se ojean, o acaso para leerlo pasas la oreja por los renglones. Qué tortículis.

Abrazote.

Introspectre dijo...

@miriam Totalmente... La frase en el post era la última del tercer párrafo creo, o sea, que ni una página entera ;-)

@banyu ¿por supuesto? Yo creo que sólo podemos creerlo... Por otro lado, yo probé a hacer lo de la oreja, y lo peor son las manchas de tinta que luego llevas puestas :-)

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